¿Qué pasa si alguien fallece sin testamento?

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Cuando una persona fallece sin haber otorgado testamento, se dice que ha muerto “intestada”. En estos casos, la ley establece quiénes son los herederos y cómo se reparte la herencia. Aunque el proceso está regulado, suele ser más lento, más complejo y, en muchos casos, más costoso.

En ausencia de testamento, no son los familiares quienes deciden el reparto de los bienes, sino que se aplica el orden de sucesión legal establecido en el Código Civil. Este orden determina quién hereda en función del grado de parentesco con la persona fallecida.

En primer lugar, heredan los hijos y descendientes. Si alguno de los hijos ha fallecido, su parte corresponde a sus propios hijos (los nietos del fallecido). En caso de no haber descendientes, la herencia pasa a los padres o ascendientes.

Si tampoco hay ascendientes, el siguiente en la línea son el cónyuge viudo. Es importante tener en cuenta que el cónyuge no hereda en propiedad en todos los casos, sino que normalmente tiene derecho al usufructo de una parte de la herencia.

En ausencia de todos los anteriores, heredan los hermanos y otros familiares hasta el cuarto grado (sobrinos, tíos, primos). Si no existe ningún familiar, la herencia pasa al Estado.

Antes de poder repartir la herencia, es necesario realizar un trámite llamado declaración de herederos abintestato. Este procedimiento sirve para determinar oficialmente quiénes son los herederos legales. Puede hacerse ante notario cuando se trata de familiares directos, pero aun así implica más gestiones que si existiera testamento.

Una vez declarados los herederos, se procede al reparto de la herencia y a la liquidación de impuestos, como el Impuesto de Sucesiones y, en su caso, la plusvalía municipal. El hecho de no tener testamento no exime del pago de estos impuestos.

Fallecer sin testamento también puede generar conflictos familiares, ya que no siempre coincide la voluntad del fallecido con lo que establece la ley. Además, puede provocar retrasos en el acceso a los bienes, bloqueos en cuentas bancarias o dificultades para vender propiedades.

En definitiva, aunque la ley establece un sistema para estos casos, fallecer sin testamento complica el proceso y puede generar costes y problemas innecesarios para los herederos. Por ello, hacer testamento es un trámite sencillo y económico que permite dejar claras las voluntades y facilitar enormemente la gestión de la herencia.

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